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Andrés Cañas
Mariátegui: librepensador
Comenzar un trabajo sobre América latina y el Caribe hablando sobre la peculiaridad que encierran las estructuras regionales, es iniciar la andadura afirmando una perogrullada; sin embargo, la perogrullada es insoslayable, más aún, considerado que en los hechos y momentos en que no fueron consideradas las especificidades, los pueblos latinoamericanos y caribeños debieron soportar las duras consecuencias generadas por el olvido.
José Martí (1) valiéndose de una prosa poética profundizaba en la subjetividad del hombre americano, retrataba su mixtura y rescataba la originalidad que lo envuelve, "con los pies en el rosario, la cabeza blanca y el cuerpo pino de indio y criollo, vinimos denodados, al mundo de las naciones. Con el estandarte de la Virgen salimos a la conquista de la libertad", sostenía Martí.
Si hasta la misma economía fue escrutada por pupilas locales, la Comisión Económica para América latina ( CEPAL ) elaboró un frondoso cuerpo teórico para orientar los pasos de los gobernantes del área, "se trata de un cuerpo analítico específico aplicable a las condiciones históricas propias de la periferia latinoamericana", elucubra Ricardo Bielschowsky (2)sobre la producción cepalina.
En orden a lo peculiar, original, de la realidad latinoamericana y caribeña, es factible redundar con ejemplos que van desde la Teología de la Liberación hasta las formas políticas y sociales instrumentadas por los pueblos en pos de su autonomía y liberación.
El pensamiento y obra de José Carlos Mariátegui se inscribe en el rescate de la idiosincracia de las sociedades locales, su marxismo fue "creación heroica" y dio vida a la realidad "con nuestro propio lenguaje". La mención de Mariátegui invoca de inmediato las disputas del intelectual peruano con la III Internacional, las polémicas con el sector oligarquíco-imperialista y con el aprismo; " siento el deber urgente de declarar que no adheriré de ningún modo a este partido nacionalista peruano que a mi juicio nace tan descalificado para asumir la obra histórica en cuya preparación hasta ayer hemos coincidido". La figura de Mariátegui promueve aún en el presente la discusión sobre la historia y carácter del marxismo en Latinoamérica y el Caribe.
El marxismo ha reconocido y originado en el subcontinente americano debates en tres niveles. Uno; entre teóricos e intelectuales que disputaron con ardor sobre la supremacía ideológica del marxismo y/o el liberalismo, en el marco de la guerra fría; el enfrentamiento verbal estuvo protagonizado - fundamentalmente - por académicos soviéticos y estadounidenses. Segundo, un debate teórico-ideológico sobre las ideas y conceptos de Marx en relación con la región latinoamericana, sostenido por intelectuales que abjuraban de las sociedades capitalistas conocidas, pero mantenían serias y profundas diferencias sobre lo que debía ser la nueva sociedad. Tercero, un nivel político-práctico, donde se fusionan intelectuales y militantes, y la discusión gira en torno al carácter y naturaleza del marxismo, el marxismo como herramienta para el cambio.En este andarivel suele situarse - preferentemente - Andre Gunder Frank (3) para defender sus posiciones teóricas, así llegó a expresarlo al encarecer la premura de la creación intelectual "para enfrentar las demandas inmediatas que en lo económico, político e ideológico les hacen los revolucionarios que tienen que formular la estrategia y las tácticas en las actuales circunstancias".
No es la intención trazar límites infranqueables entre los diferentes niveles, por el contrario existe una estrecha interconexión entre ellos; ahora bien, desde lo analítico la distinción favorece una comprensión más clara del debate.
En el marco de la Guerra Fría
En este contexto el nivel de la disputa perdió calidad académica y a menudo se adentró en el terreno político propagandístico . En el año 1983 el Consejo para Problemas Intenacionales ( estadounidense ) con sede en Pittsburgh (4) producía un informe sobre Centroamérica, a la vez, que fustigaba la política e ideología de la Unión Soviética a la que acusaba de "exportar" la revolución y la lucha de clases. Los miembros del Consejo aseguraban que el modo de vida estadounidense podía beneficiar a todos los pueblos del mundo, y señalaban como obstáculo central para que ello ocurriese a la política de los "regímenes marxistas que tratan de alterar el curso natural de la historia".
Desde la Academia de Ciencias de la URSS( 5 ) respondían apelando al recuerdo de Marx y sus críticas al filósofo inglés I. Bentham: "La órbita de la circulación o del cambio de mercancias, dentro de cuyas fronteras se desarrolla la compra y venta de la fuerza de trabajo, era, en realidad, el verdadero paraíso de los derechos del hombre. Dentro de estos linderos, solo reinan la libertad, la igualdad, la propiedad, y Bentham ", la ironía tenía para los soviéticos como objetivo el "modo de vida estadounidense ".
En el segundo nivel mencionado, una instancia teórica-ideológica-académica , el argentino José Arico, y el peruano Carlos Franco, fueron los principales destinatarios de los juicios emitidos desde Moscú. El académico Anatoli Shulgovski comentó especialmente los trabajos de Aricó . Estimaba Shulgovski que los intelectuales latinoamericanos exhortaban a revisar el marxismo "ortodoxo", quienes argumentanban tal necesidad con referencias a la "inextirpable" influencia del hegelianismo sobre Marx, según el cual los pueblos del continente latinoamericano todavía no habían llegado a ser "pueblos históricos".
De ahí, el reproche a Marx de eurocentrismo, afirmaba el intelectual soviético; continuaba la polémica sosteniendo que Aricó y Franco hacían hincapie en el énfasis que la doctrina marxista hace de la economía política y la insuficiente atención que presta a los fenómenos superestructurales, lo que incide sobre la correcta comprensión de los procesos históricos en toda su complejidad y diversidad.
Para el académico soviético, los partidarios de la latinoamericanización del marxismo interpretan la doctrina de Marx como una teoría corriente de modernización, cuyo sentido consiste en que los países menos desarrollados deben casi fatalmente repetir el camino recorrido por las potencias capitalistas desarrolladas. Según la óptica soviética, Aricó afirma que en El Capital, Marx expone precisamente una concepción "teleológica" del desarrollo social, por ello una obra que fue concebida como el mayor golpe teórico contra la burguesía, se convirtió en los países atrasados en el libro de los burgueses.
Como corolario de su análisis Shulgovski transcribía una carta de Marx a su oponente intelectual el líder de los populistas rusos N. Mijailovski . Reproducimos un párrafo de dicha misiva: "... él necesariamente quiere convertir mi ensayo histórico referente al surgimiento del capitalismo en Europa Occidental en teoría histórico-filosófica sobre la via universal, por la que de manera fatal están condenados a marchar todos los pueblos, independientemente de las condiciones históricas en que se encuentren, para llegar, en última instancia, a la formación económica, en la cual, junto con un gran florecimiento de la fuerza productiva del trabajo social, se asegura también el más pleno desarrollo del hombre. Pero le pido que me disculpe; eso sería, al mismo tiempo, demasiado halagueño y demasiado vergonzoso para mí".
Transformar la realidad
En el tercer nivel, político práctico, emerge la obra de José Carlos Mariátegui . Es el andarivel de creación en la propia realidad, la fase más ligada a una cuestión sustancial como es el Poder . Mariátegui asume aquello de conocer para transformar, y en ese quehacer se encuentra y desencuentra con la III Internacional, y con cuanta organización esté disputando poder, nacional o internacional .
Mariátegui creía en la necesidad de peruanizar la teoría, desde la Unión Soviética se replicaba a los partidarios de la latinoamericanización, "los primeros marxistas de América latina no elegían entre la necesidad de aplicar el marxismo y la aspiración a la producción de una teoría marxista. Se esforzaban por conocer la realidad latinoamericana, pese a que el proceso de conocimiento no era fácil".
Mariátegui no fue, ciertamente, ni el primero ni el único que, antes de la década del treinta, contribuyó a la introducción del marxismo y a la revolución en América Latina y el Caribe, en la educación y organización política de la clase obrera en pos del socialismo. En la misma época actuaban: Recabarren en Chile; Codovilla y Ponce en Argentina; Pereyra en Brasil; Mella en Cuba; Martí en El Salvador y Sandino procuraba liberar Nicaragua. Inclusive algunos de ellos pudieron acceder, quizás, a un conocimiento teórico del marxismo más documentado; lo que lo hace original es su propósito de situar al Perú con rasgos específicos, no escapan a su consideración la correlación de fuerzas a nivel internacional, en relación al fascismo y el imperialismo, así como los procesos revolucionarios triunfantes.
El paso de los años y los fracasos a la hora de construir el socialismo evidenciarán que el movimiento comunista internacional y la mayoría de los movimientos de liberación nacional actuaron en función del poder detentado por la burocracia política soviética; la independencia intelectual de los marxistas latinoamericanos hubiese significado una ruptura con el poder forjado desde el Kremlin, para evitar la "transgresión" se torno imperiosa la dogmatización del marxismo que pasó a llamarse marxismo ortodoxo.
Un marxismo que no aportó frutos a la causa erradicadora de la alienación liberando a los pueblos; todo proceso debía acotarse en el molde estalinista e incrementar el poder de la burocracia. La historia latinoamericana presenta ejemplos y rechazos por doquier de la fórmula plasmada mediante un marxismo cristalizado.
Durante la década del 30 del siglo pasado, Augusto César Sandino, un amigo de Mariátegui, procuraba liberar Nicaragua. En ese entonces, Sandino tuvo que vérselas con el movimiento panamericanista y con el movimiento comunista. La III Internacional, que a través del Sexto Congreso había sido llevada al sectarismo más profundo se encuentra con la anomalía de una rebelión poderosa que no reconocía como sujeto de vanguardia al proletariado industrial, que no estaba dirigida por comunistas, que no era una guerra de clase contra clase y que el ejército patriota se llamaba ejército defensor de la soberanía nacional. En una carta polémica, escrita en 1930, Sandino le había manifestado al secretario del Partido Comunista Mexicano: (6) "Nosotros somos la vanguardia de la revolución proletaria en América". En ese contexto histórico político surgieron las elaboraciones marxistas latinoamericanas de Mariátegui, "no queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica...tenemos que dar vida con nuestra propia realidad , en nuestro propio lenguaje, al socialismo indoamericano", anhelaba.
De vocación intelectual
La curiosidad intelectual de Mariátegui le llevó a su regreso a Perú a mantener relaciones con una serie de personalidades e intercambiar una fecunda correspondencia con ellas: Augusto César Sandino, Alcides Arguedas, Henri Barbusse, Waldo Frank, Gabriela Mistral, Roman Rolland, Miguel de Unamuno, César Vallejo, José Vasconcelos. Mariátegui no teme ser llamado europeizante, "el socialismo no es, ciertamente, una doctrina indoamericana. Pero ninguna doctrina, ningún sistema
contemporáneo lo es ni puede serlo. Y el socialismo aunque haya nacido en Europa, como el capitalismo, no es tampoco específica ni particularmente europeo. Es un movimiento mundial, al cual no se sustrae ninguno de los países que se mueven dentro de la órbita de la civilización occidental. Esta civilización conduce con una fuerza y unos medios de que ninguna civilización dispuso, a la universalidad. Hace cien años, debimos nuestra independencia como naciones al ritmo de la historia de Occidente, que desde la colonización nos impuso ineluctablemente su compás", sostuvo.
Con la habilidad del artesano y la profundidad del sabio produjo un pensamiento marxista, que aún remitiéndose a Sorel y Marx, es latinoamericano. El académico cubano Fernando Martínez Heredia (7) es elocuente al respecto: "En los libros Mariátegui pone al marxismo en español. Habrá que esperar 30 años para que en los hechos la Revolución Cubana ponga al marxismo en español. Mariátegui va a ser un héroe e indica el comienzo del fin de una época; este primer comunismo latinoamericano fue capaz de valerse de los desarrollos dialécticos de la Revolución Bolchevique y del pensamiento del propio Lenín. Le dio al marxismo una etapa nueva de expansión de su objeto y de su procedencia como teoría frente a la realidad social desde América latina", concluye Martínez Heredia, y prosigue aseverando que el pensador peruano "será la culminación y a la vez mostrará el inicio de la etapa de fosilización, de manipulación, el centro europeo orienta - incluso de manera perversa- a su correlato latinoamericano".
Desde un ángulo nacional peruano Mariátegui representa la concreción teórica de una protesta, de una rebeldía, que encuentra raíces hasta en el anarquismo; en sus búsquedas se encontrará con la necesidad de peruanizar el marxismo, abstracto e inofensivo de mantenerse como teoría de lo meramente universal, y se dedicará de lleno a descifrar la conformación social y económica de su país.
Desentrañará la articulación de tres modos de producción coexistentes en lo que fue tierra inca; feudalismo, gamonalismo, hegemonía política de los grandes propietarios terratenientes; comunismo agrario, restos de las comunidades incaicas; la tierra involucra dos grandes temas: la nación y el indio - constituye las 4/5 parte de la población-, "El socialismo nos ha enseñado a plantear el problema indígena en nuevos términos. Hemos dejado de considerarlo abstractamente como problema étnico o moral, para reconocerlo concretamente como problema social y político", dirá; la Nación, la solución liberal ha sido un fracaso, se ha fundado y desarrollado a espaldas del indio y contra el indio; el capitalismo peruano, una forma dependiente de inserción en el mercado mundial; incapacidad de la legislación democrática burguesa para transformar las estructuras económico sociales.
En sus elaboraciones se reencuentra con Gramsci y Sorel. El italiano habla de Bloque Histórico, el peruano lo concibe como Bloque social y político integrado por el campesinado ( el indio ), el proletariado, el estudiantado y las vanguardias. Del francés toma el mito revolucionario, el mito del comunismo vinculaba el mundo rural al urbano: mito indígena por un lado, pero a la vez, gran mito del proletariado moderno; no se trataba de volver al imperio incaico y desdeñar progresos técnicos, científicos y filosóficos de Occidente, se trataba de realizar un movimiento de superación, del tipo de los que se hallan en el pensamiento marxista más genuino.
Mariátegui muere en 1930, y algunos considerados líderes del comunismo latinoamericano lo ponían en entredicho estimando que era un hombre sospechoso de desviación... se estaban estrenando las desviaciones. Martínez Heredia aporta al respecto. "En el reparto de premios y castigos hechos dentro del socialismo, a Mariátegui le correspondió un calificativo que quería ser un insulto: populista. En la historiografía y en la consideración de las ideas se intentó durante 15 años que ese fuera su lugar, y no marxista. El XX Congreso del Partido Comunista de la URSS - un movimiento sumamente ajeno a la América latina, permitió que personas - animadas por la voluntad de servir a lo que entendían era la mejor causa- consideraron, no sólo que Mariátegui no era un marxista importante, sino que no era marxista".
El fundador del Amauta debió esperar hasta los años 60 del siglo pasado, a la segunda ola del pensamiento y el acontecer de hechos revolucionarios, para empezar a ser comprendido y reconocido en su continente. Algunos países europeos tampoco escaparon a este influjo. En España, al cumplirse cien años del nacimiento de Mariátegui, Mundo Obrero, órgano de prensa de los comunistas, le dedicó un extenso trabajo. En una de las columnas se sostenía que la obra de Mariátegui era "la que más profunda y certeramente logró apropiarse de aquello que confiere un valor auténticamente científico a las ciencias sociales. Esto es, su calidad de marco y punto de partida para investigar, conocer, explicar, interpretar y cambiar la realidad histórica concreta, desde dentro de ella misma". Y continuaba el medio español, "en lugar de ceñirse a la aplicación de un recetario conceptual como una plantilla, adobada de retórica ideológica, sobre una realidad social determinada, como durante tanto tiempo se ha impuesto en América latina, lo mismo por los herederos de la retina euro-centrista que los seguidores de los dictámenes burocráticos de las supuestas internacionales".
Conclusiones
Determinar con un carácter excluyente la elección de una causa o motivo que explique el rechazo de la obra de Mariátegui por lo que constituyó el movimiento comunista internacional, con toda sus dependencias, es una tarea que coloca al borde de la imprecisión y el error, al menos; por toda la complejidad, importancia y riqueza de la polémica.
"El ABC del marxismo, es la toma del poder" se leía en los documentos de la III Internacional, ese concepto y tantos otros del mismo tenor, encierran una de las claves centrales de la cuestión: el poder...
Mariátegui con su labor teórica puso en entredicho el poder intelectual de todo lo que simbolizaba el Kremlin, y con su militancia cuestionó políticas y metodologías encaminadas a la conquista de espacios de poder o a la conservación de los existentes.
Con su rebeldía le dio vida y aplicabilidad concreta al marxismo. El dirigente Tupamaro y senador uruguayo, Eleuterio Fernández Huidobro (8) se refiere al particular. "La obra de Mariátegui es muy buena. La corriente de pensamiento marxista, y una enorme cantidad de subcorrientes, exhibimos a lo largo del siglo XX un eurocentrismo que fue fatal. Digo exhibimos porque pertenezco a esta corriente. La originalidad necesaria para apoyarse en la teoría marxista, repensar o examinar con rigor científico la sociedad en que vivimos y sus peculiaridades no fue lo más abundante; si al marxismo se lo despoja de ese contenido crítico se transforma en un dogma absolutamente estéril. Lamentablemente eso fue lo que pasó en la mayor parte de los casos. Mariátegui fue un original pensador que no se ató a esquemas ni a dogmas, sino que tomó lo mejor de la teoría y lo aplicó al estudio de la realidad en que vivía; que era el Perú concreto que no tenía nada que ver con la Europa industrializada. En aras de una dogmática interpretación del marxismo intentamos, a veces hasta heroicamente, extrapolar el proletariado europeo hacia acá, las categorías sociales europeas...eso nos condujo a errores garrafales".
Dependencia teórica-ideológica, política, económica; los cubanos saben de ello a raiz del acercamiento de su país a la Unión Soviética, "fue reducir el tamaño de nuestros sueños", dice Martínez Heredia. Mariátegui, el libre pensador, procuró mantener frescos los sueños.
Andrés Cañas es periodista. Cordobés, autor de un libro recientemente editado por editorial Colihue, que contiene conversaciones con Adolfo Pérez Esquivel, Hugo Chávez y Juan Lechín entre otros.
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