No hay frontera para el dinero, sólo para la justicia

A.Palomo
Madrid

Las políticas neoliberales nos han legado una situación legal de amnistía indefinida para los delitos financieros.

Hasta que nos alcanza la memoria a los mayores de treinta años, recordamos en nuestra infancia o juventud haber oído en los informativos de la época, noticias sobre un banquero o empresario que 
había sido detenido por la policía acusado del delito de "tráfico de divisas". Dicho delito consistía en sacar capitales del país para ingresarlos en cuentas bancarias de países con una legislación relajada en cuanto a investigar la procedencia de dicho dinero y con unas leyes 
rígidas en lo referente al secreto bancario. El objetivo que perseguía el delincuente con esta práctica era evadir estas sumas de capital del pago al fisco y guardar unos ahorros lejos de la mano de la justicia para el caso en que los negocios marchasen mal.
Efectivamente, hasta los años ochenta en los que se inició la desregulación de los mercados financieros con el advenimiento del neoliberalismo, el tráfico de divisas fue un delito muy severo. No en vano, retraía enormes beneficios económicos nacionales hacia los llamados "paraísos fiscales".
Pero quizá el daño mayor se lo hacía al contrato social que ordenaba la sociedad. Los beneficios económicos empresariales evadidos normalmente habían sido obtenidos gracias al apretón de cinturón de los trabajadores, que habían visto congelado su salario, con la esperanza de que los beneficios fueran reinvertidos en la empresa. Además, estas importantes sumas de dinero no contribuían a la hacienda pública, mermando los recursos del Estado que incrementaba su déficit y dañando gravemente la distribución de la riqueza entre toda la sociedad.
Desde que se aplicaron las políticas neoliberales de libertad de circulación de capitales y desregulación de las prácticas financieras, este delito dejó de existir. El dinero puede evadirse ahora del país sin obstáculo alguno.
Cualquier Estado que imponga restricciones del algún tipo será sancionado por las autoridades económicas internacionales como el FMI. Sólo se ha conservado una frontera y es la que protege a los capitales evadidos en el interior de los "paraísos fiscales". Una vez que el dinero ha cruzado estas fronteras ningún Estado tiene derecho a reclamarlo. Ni siquiera el largo brazo de la justicia tiene potestad para intervenir o investigar estos capitales. Como el lector podrá 
imaginar esto ha favorecido el que traficantes de armas, contrabandistas de todo pelaje y empresarios corruptos hayan empleado sus cuentas bancarias en los "paraísos fiscales" como auténticos lavaderos de dinero negro.
ATTAC está llevando a cabo una campaña internacional que denuncia todo este entramado financiero en el que tienen responsabilidades tanto los bancos que abren sucursales en estos Estados de cartón piedra, como sus clientes y las autoridades políticas nacionales e internacionales que 
permiten este tipo de prácticas, cada vez más habituales, como se ha desvelado en los más importantes y recientes escándalos financieros (ENRON, Parmalat, BBVA,etc.). Todo esto no es mas que la punta de iceberg de un modelo globalizador que los grandes poderes económicos y 
políticos pretenden imponernos. La postura de ATTAC es clara y reclama como única realidad que "otro mundo es posible". Si quiere unirse a ATTAC en la denuncia de esta situación puede colaborar activamente en la campaña o firmar en contra de los "paraísos fiscales" en: 

http://www.attacmadrid.org

 

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